#BMCapital Death Cab for Cutie: las estrellas de las sombras
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#BMCapital Death Cab for Cutie: las estrellas de las sombras

Tal vez sea la única vez que veamos a Death Cab for Cutie en México. Su actuación en el Corona Capital es algo imperdible.

Death Cab for Cutie vendrá, posiblemente por única ocasión, a México al Corona Capital, a mostrar por qué es un mito de su propia leyenda

Entre las estrellas que brillan en el gran cielo de la música global, Death Cab for Cutie ha brillado con poco estruendo, siempre entre las sombras de proyectos más populares.

Las sombras del proyecto de Ben Gibbard, propias de su poca popularidad y carácter de culto, han definido a esta banda, que con una audiencia cautiva y entregada, les han dedicado un espacio significativo en el soundtrack de muchas vidas, pero siempre en un rincón que conocen y han hecho suyo.

La historia de esta banda nos remonta al ya lejano 1998. El fin de siglo trajo consigo cambios en la forma en que se concebía la música. Ya no hacían falta grandes contratos discográficos, pero aún esta era la vara para medir el éxito y la importancia de las bandas.

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Death Cab For Cutie

En un tiempo en que Metallica aún era relevante y Elliott Smith se presentaba en la premiación de los Oscar, Death Cab for Cutie hizo su primera aparición con un álbum discreto, de la mano del modesto sello estadounidense Barsuk Records.

Su primera modestia fue dejar todas sus letras en minúsculas, como adivinando su papel. Una contraposición, como también lo fue hacer un álbum nombrado en favor de los aviones, pero con una balsa en portada.

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El fracaso fue, más bien, un éxito. La banda se consolidó en un tiempo en que Internet le permitía a proyectos pequeños salir de sus ciudades de origen a través de un tono telefónico que ya no muchos recuerdan con toda fidelidad.

El indie y todo el sonido melódico y tono melódico hicieron su aparición al tiempo que Gibbons consolidaba su banda entre escenarios pequeños y una base de fans tan dispersa como su nulo éxito comercial.

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Stereogum

Su historia transcurrió de la misma forma que su debut, con canciones aisladas regadas por la memoria sentimental de una generación que apenas estaba buscando entender al Internet y las nuevas formas de hacer música.

Pero DCFC siempre ha sido más que éxitos aislados, más que algunas canciones de gusto underground mainstream (sea lo que sea que eso signifique). La máquina creativa que es Ben Gibbons entendió eso.

Para crear uno de sus más grandes éxitos, recuerda haberla creado mediante su propio fracaso comercial.

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Entre Transatlanticism y Plans, transcurrieron alrededor de tres años, en los que no lograba concentrarse para crear su nuevo material. Parecía todo estancado. Su libreta estaba llena de apuntes fallidos. (Vía: La Tercera)

Durante semanas, ninguna canción vino a su mente. La sequía, provista de sombras que no auguraban nada bueno, después de un álbum que elevó su popularidad y su brillo. Sin embargo, la recompensa llegó de la nada.

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NPR

Entre la nada, llegó a él «I Will Follow You Into The Dark». Fueron quince minutos en los que dejó fluir la letra y la melodía por sus manos, cansadas y adoloridas de no poder hacer nada que le gustara.

De ese episodio de inspiración repentina, Plans terminó de lograrse. Este álbum contiene sus dos canciones más reconocidas, la ya citada y «Soul Meets Body», en un producto que tiene el alma del fracaso inmersa.

Las sombras que le conocemos a Gibbons y a su banda brillan por esa misma tendencia de «fracaso», que terminan elevando su genio y su voluntad de hacer música más allá de las ventas y las grandes audiencias.

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¿En qué nos basamos para definir quiénes son estrellas y quiénes no? Francamente, la popularidad y las copias vendidas están fuera de la métrica. La estelaridad de DCFC, actuando en grandes festivales como una banda aplaudida, con solo dos millones de escuchas mensuales en Spotify en los buenos momentos del año, nos dicen otra cosa.

Tal vez las estrellas brillan y solo hacen eso. No importa si es frente al jurado de los Grammy, en la cima del Billboard Hot 100, o en un perfil diáfano y mal diseñado de MySpace, o en el fondo del disco duro de un iPod.

Para fortuna, Gibbons verá a muchos de los que tenemos atorados unas 10 canciones suyas en cada lista de reproducción que armamos cada que sale una nueva plataforma para escuchar música. Brillando, ahí, como él, entre sus sombras y las luces de la noche.

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