Ruido Vivo

A Kevin Parker no hay que comprenderlo

Hasta ahorita, la canción más larga de Tame Impala es “Let it Happen”. Casi ocho minutos de un pop psicodélico que pide a gritos las guitarras del final, y al mismo tiempo, va mutando a un estado de sugestión musical en donde las piezas del rompecabezas llamado setlist van encajando poco a poco unas con otras. Parecieran no tener un orden en especial. Se pasean del Currents alInnerspeaker. Mientras tanto, la voz de Kevin me lleva en un viaje eterno hasta las entrañas de aquél rincón de reflexión en donde, al parecer, no hay razones por las cuales preocuparse. De nada. De nadie.

El éxito de los australianos viene siendo algo parecido a las drogas: una forma de conocer la realidad desde otro punto de vista. Con cada composición nos prometen una utopía que inmediatamente aceptamos al escuchar los jams en canciones como “Apocalypse Dreams” o “Alter Ego”pidiendo que no terminen jamás.

Ni los papelitos de colores volando por la zona de pista, ni todos los celulares grabando cualquier movimiento que el escenario del Palacio de los Deportes registrara me impidieron la inmersión introspectiva que el señor Parker le imprime a sus canciones.

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Por momentos deja su Rickenbacker ya un poco gastada  y se acerca a los extremos del escenario para saludar al público encargado de romper el récord de mayor asistencia en uno de sus conciertos. Se le ve más suelto que en visitas pasadas. Algunos lo señalarán de haber cambiado su personalidad y estilo musical. Él lo reafirma de principio a fin en Currents y también directamente en “Yes I’m Changing”. Yo, en cambio, lo veo un poco nervioso. Después de todo estar al frente de 20,000 personas no es fácil. Se equivoca al decir que “Why Won’t They Talk To Me?” pertenece a su más reciente material. Se le resbala una botella de agua mientras rociaba su contenido sobre el lado derecho del público. Pero no importa, al parecer nadie se da cuenta, y yo que sí lo noté fingí que no pasó nada en el instante en que empezó a sonar “The Moment”.

Alguna vez leí en una entrevista que con los instrumentos le gustaba confundir a nuestros oídos. ¿Eso es el bajo o la guitarra? ¿O será acaso el teclado? Y antes de poder siquiera contestar, me doy cuenta de que mis extremidades están oscilando junto con los visuales que se reflejan detrás de los cinco miembros de la banda. Quiero anotar detalles para que ninguno se me escape, pero mando todo a la chingada y me quedo en el trance con“The Less I Know The Better”. 

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Finalmente llegó el primer encore. Tiempo para hacer una escala: darle un sorbo a la cerveza o robarle un toque al de junto. Debo reconocer que generalmente me fijo en lo que han tocado las bandas en sus tours para darme una idea de cómo será el show. Hoy no lo hice. No quise. No me interesó. Preferí guardarme las gratas sorpresas. Una de ellas fue su regreso al escenario con ese riff de bajo en “It Is Not Meant To Be” la cual fingí tocar imaginariamente con mis dedos torpes que tienen cerca de un año de no sostener un instrumento. De sólo recordarlo se me eriza la piel.

Para el segundo encore, y último, dejé el air bass. Sabía que el final estaba cerca y “Feels Like We Only Go Backwards” me lo confirmó. Por un momento pensé que cerrarían con “Cause I’m A Man”, pero aquél deseo se apagó; y entonces, las últimas notas de “New Person, Same Old Mistakes”terminaban con mi suculento sueño multicolor para dar pie a la interminable plática de aciertos y errores que sólo una banda como Tame Impala con un líder como Kevin Parker podrían provocar.

Nos veremos las caras con Mark Ronson en el Corona Capital.

Fotos extraías de sopitas.com

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