Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
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Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it’s Surfer Rosa

Pixies estuvo en la Ciudad de México para presentar los 30 años de 'Surfer Rosa', en dos lugares con shows totalmente diferentes

Desde Massachusetts y tras haber rolado por Europa últimamente, Pixies llegó a la CDMX para ofrecer una serie de presentaciones de carácter épico

A 30 años de haber lanzado una joya llamada Surfer Rosa (uno de los discos más influyentes en la historia de la música moderna), Pixies tenía una excusa para armar una celebración tan desquiciada como sus propias creaciones.

Aunque ya han pasado tres décadas desde Surfer Rosa, está de más decir que Pixies continúa escribiendo su historia ahora sin Kim Deal, siendo reemplazada por Paz Lenchantin. Aunque Kim no era la música más prodigiosa, hay algo que le falta a la agrupación: el carisma y color que Kim podía aportar.

Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
(Foto: Rolling Stone)

Kim era el hilo que conecta a los Pixies con sus sus fans, Paz no hace mal su trabajo, pero la esencia de Pixies ya no es la misma.

Dos locaciones diferentes y, por supuesto dos shows armados completamente ajenos uno del otro, fueron bien recibidos por el público capitalino.

Para el Zócalo la agrupación llegó e hizo lo propio. Los hits no paraban, aunque la gira llevaba el nombre de Come On Piligrim…It’s Surfer Rosa, la agrupación repasó toda su discografía dando énfasis a sus dos primeros materiales para un público era de lo más extraño posible.

Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
(Foto: Twitter @pakoaguilar)

Jóvenes y adultos de mediana edad, simplemente estaban ahí por el hecho de poder echar desmadre mientras sonaban canciones del calibre de «Monkey Go To Heaven», «Wave of Mutilation» o «Gigantic».

Las personas que me rodeaban sólo permanecieron de pie sin expresión o movimiento alguno. Unos cuantos platicaban, otros menos veían lo que estaba pasando y simplemente estaban por el hecho de decir que fueron al evento, incluso me tocó escuchar cómo alguien le decía a sus amigos que esperaran a «Where Is My Mind» para poder irse.

Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
(Foto: Twitter @pakoaguilar)

¡Vamos,  la gira es de sus primeros dos materiales, lo mínimo que pudieron hacer si solo iban a esperar  una canción era aventarse una escuchada al disco! Por momentos sólo podía pensar que la gente no está preparada para un concierto de una banda precursora y la gente parecía que sólo iba por presumir que estaba ahí.

Por su parte, algunas de las personas de edades notoriamente más grandes y uno que otro escéptico nos encargamos de desgarrarnos la garganta para tratar de imitar a Black Francis. Cosa que evidentemente no pasaba, lo que se sentía genial era poder apreciar a una banda que estaba siendo menospreciada de nueva cuenta por muchos, pero algunos veían los solos de guitarra estridentes de Santiago y no observaban inmersos cómo se golpeaban durante el SLAM en clásicos como «Vamos» o «Isla de Encanta».

 

A diferencia de la plaza de la constitución, días después Pixies tuvo dos fechas más en el Teatro Metropólitan, funciones que en un par de días a partir de la venta de boletos eran ya sold out.

El tour por fin le hacía honor a su nombre, y a diferencia del show pasado Pixies no tiraba sus greatest hits, sino que hizo una interpretación completa de inicio a fin de Come On Piligrim Surfer Rosa.

Previo a comenzar con el acto en vivo de la agrupación un breve corto explicaba TODO sobre la identidad gráfica de los primeros materiales de Pixies y cómo estos se relacionaron con lo que hicieron en aquel lejano 1987-1988.

Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
(Foto: WARP)

Mientras rótulos gigantes con el nombre de las canciones se proyectaban atrás de la agrupación y visuales varios con la estética oxidada y super crafty de los discos celebrados, en el teatro había personas de edad ya madura y pocos jóvenes adultos que como desquiciados movían la poca cabellera que ahí quedaba.

La acústica del lugar de por si única aportó el toque que haría que todo se amarrara, pues acudir al Metropólitan es garantía de que no importa tu asiento, todo se escucha impecable.

Paz Lenchantin tocaba un bajo tan punzante como si fuera la espina de la rosa que lleva su bajo en el mástil, Joey Santiago entregó una estridencia mucho más estruendosa en comparación con su presentación en el Zócalo, a Black Francis se le escuchaba desgarrarse la voz para todas las canciones y David Lovering  simplemente se encargó de hacer magia desde las percusiones.

Tras concluir con el recorrido Pixies sólo tocó tres canciones del resto de su basta discografía. La conclusión del concierto fue agridulce, haber escuchado 30 años después un material integro de una agrupación legendariamente menospreciada es un lujo que pocos nos pudimos dar esa noche.

Pixies a lo largo de su carrera no se ha caracterizado por venderse a sí mismo, pero sin duda el valor artístico de su legado es más grande de lo que puede llegar a costar un show de ellos en el Zócalo. 

Dos shows y una ciudad: Come on Mexico City, it's Surfer Rosa
(Foto: WARP)

El siguiente año es el turno de Doolitle de llegar al tercer piso, y aunque no tengo expectativa de que la banda regrese pronto, espero con ansias ver qué sorpresas son las que vendrán con ello. Death to the Pixies, pero agárrense por que Here Comes Your Band.

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