Ruido Vivo

La divina comedia de Russian Circles

Fotografías por: Oscar Morales

Sábado por la noche y no había llovido. La fila era interminable para poder entrar debido un retraso de más de media hora. Entre la penumbra se escondía la gente que llegaba ansiosa, todos vestidos de negro, con chamarras de cuero y actitud relajada. Un cúmulo de emociones esperaba. La noche perfecta a pesar de la falta de organización por parte del recinto.

El recinto programado para ver a Russian Circles fue el salón Los Ángeles, un lugar que rezaba que quien no lo conocía, tampoco conocía México. Puede ser que antes de este sábado 16 de julio, una parte de México se había ocultado, ese lado oscuro del metal experimental, y aunque parecía una parodia el elegir ese salón para el tipo de concierto que se avecinaba, en realidad no pudo haber mejor elección. Se trataba de un sitio espacioso y cómodo. Un letrero de led gigante con el nombre de Los Ángeles acaparaba tu mirada a penas ponías un pie en el lugar.

 

Cuando las luces se fueron apagando, el letrero dejó de ser el punto de atención y el salón se transformó en un lugar para que la gente se hallara a través de la música, entre sombras y bajo el juego de luces en el escenario. Estaba llegando la hora. Llegarían tres bandas que invitaban a hundirse como Dante en los círculos del infierno, en una espiral de sonidos y atmósferas dignas de apreciar.

El primer círculo se abría ante el público, la densidad y una atmósfera oscura corría con cada nota; Vyctoria, un cuarteto poderoso cargado en una unidad conformada por bajo, batería, guitarra y violín. Su esencia nos adentró a los incautos en los remansos de Carón, quien nos invitaba en su barcaza a navegar en los sonidos experimentales, chirriantes; un violín que recuerda a Jerry Goodman, John Cage y la música concreta, una base rítmica impulsiva, tempestuosa, violenta y poética; sus remansos nos llevan a la orilla del infierno al que nos adentramos, no un infierno como tal, sino a un círculo de disonancias y muros de sonidos que quedan latentes para dar la bienvenida a un sonido menos tranquilo y casi telúrico: Apocalypsis.


Apocalipsis, un power trío que rápidamente llena de estridencia el poco o ausente vacío del salón Los Ángeles. Las remanencias de Black Sabbath, un grueso y potente sonido de bajo, guitarra y batería que encrespaban los sentidos, la velocidad de sus ritmos; aquí es donde nosotros como Dante, caemos a la maravilla de los 9 círculos del infierno, en cada acorde, en cada riff, nos conducen dentro de algo que ya no podemos escapar, librarnos. En este punto de la noche, las personas que estaban esparcidas a lo largo del salón, se fueron juntando cada vez más, lentamente, atraídos por la fuerza que emanaba esta banda. Otros, que parecían estar ya más adentrados en el sonido o a quienes ya les eran conocidas las canciones, comenzaron a hacer headbanging, un rito que a partir de ese momento perduró hasta el final del concierto, nunca decayendo, sino incrementándose mientras el tiempo transcurría. Fue tanto el poder en su sonido que inclusive quemaron luces y audio, sin que esto fuese un impedimento para continuar con la euforia colectiva. 


El clímax de la noche. Justo cuando pensábamos que íbamos a salir del inframundo sonoro, que habríamos de escalar a través de todo y salir a respirar, llega Russian Circles, un grupo originario de Illinois; nos adentramos a un escenario lleno de humo, la víspera de un purgatorio: emergen de él tres cuerpos, el sonido es impresionante, pulido, brillante, se abren ante nosotros los caminos, nos hacen creer que la esperanza está perdida, que sólo las armonías oscuras nos acompañarán todo el viaje; no es así, es otro tipo de viaje lleno de altas, caídas, la sublimación entre las distorsiones y la armonía; canciones como Afrika, 1777, Mládek, transportan a la euforia a la gente, cientos de cabezas en balance al unísono, marchando una tras de otra.

Soldados oscuros se han reunido frente al escenario para deleitarse, no le hacen falta voces al sonido que crece y ascendemos lentamente hasta llegar a los círculos celestes, donde está estridencia se convierte en paisajes sonoros, en las visiones introspectivas, luces, sinergia. Estamos en el punto más álgido de nuestro éxtasis. Russian Circles sin duda paga una deuda con el público mexicano, inexistente, pero que eventualmente se acentuará en los oídos de todos aquellos que asistimos, que terminamos con otitis, que presenciamos, un evento icono de este año, pues se trató de la primera presentación en México de esta banda que no le tiene miedo a la noche.

Vyctoria

Apocalipsis


Russian Circles

 

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