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Reseña de The Colour in Anything, la ultima entrega de James Blake

Por: Freddy Campos (@Freddorific)

La expectativa por el más reciente álbum de James Blake fue bastante, pues se esperaba que saliera durante el curso de 2015, y hasta el último mes del año pasado se rumoró que estaba en puerta su lanzamiento, pero no sucedió. Al entrar el 2016 la euforia cedió un poco, porque a pesar de todo lo que se hablaba y las grandes expectativas por escuchar al sucesor de Evergrown, lo conocido del material era prácticamente nulo. El nombre de Blake salió a flote nuevamente con el lanzamiento de Lemonade, de Beyoncé, donde colabora en una canción, además de la lírica y producción de algunos otros tracks. Esto hizo relevante su nombre en el círculo del mainstream norteamericano, elevando su posición en las listas de popularidad tras la publicación del álbum de Knowles.

Unos días después del lanzamiento de Lemonade, el sello con el que graba James, 01 800 Dinosaur, compartió en Facebook la imagen de un mural hecho por el ilustrador Sir Quentin Blake en las calles de Londres. En este se observaba una imagen parecida a la portada de Overgrown: la imagen del cantante, dando la espalda a una llanura con un cielo totalmente nublado, con la leyenda “The Colour In Anything” en una de las esquinas. Tras estos sucesos, el cinco de mayo apareció en el programa de Annie Mac en BBC Radio Show 1. Fue durante esta transmisión de radio que dio el anuncio oficial sobre su nueva producción, que saldría esa misma noche en todas las plataformas, sin haberle dado promoción alguna.

Con este nuevo álbum, James Blake se para en el mismo lugar que ha estado desde hace cinco años: cortinas sonoras hechas con sintetizadores, loops de voz y bases rítmicas electrónicas. Sin embargo, también se reconoce una evolución a través de sus tres producciones, dejando un poco de lado la saturación de las secuencias, de sus inicios en el dubstep, para llegar a sonidos que son más orgánicos, limpios y que ya no se detienen tanto en silencios largos, sino que llegan a una armonía que se basa más en las intermitencias entre los instrumentos.

A lo largo de los 76 minutos que dura este álbum, las canciones corren y avanzan de manera lenta, con temáticas nostálgicas, grises y melodramáticas, que realmente transportan al ambiente que describe la portada, y que se matiza aún más con las melodías y la voz de James, que de momentos sube de intensidad y tono para luego bajar de manera abrupta. Canciones como “Points”, “I Hope My Life” y “Waves Know Shores” narran situaciones que  refieren a una ruptura y a la distancia;  otras como “The Colour In Anything”, “Love Me In Wathever Way” o “Choose Me”, hacen contra peso momostrando una faceta optimista del álbum, respecto a los demás tracks. Como en sus anteriores trabajos el mensaje se consolida a través de la repetición de una frase que pueda sintetizar la canción, por ejemplo: “It’s sad that you are no longer her” se repite hasta el cansancio en “Points”.

Para “The Colour Of Anything”, Blake no repitió con Brian Eno, y recurrió a Rick Rubin para la producción, y Frank Ocean colaboró para la composición de las letras. The Colour In Anything es ridículamente largo (una hora y dieciséis minutos), pero también es ridículamente bueno. Cada uno de los tracks están perfectamente realizados, partiendo por la mezcla, el paneo de algunos elementos y la producción en general, y embonan bien para el concepto que plantea este disco, pero algunos de ellos bien podrían ser prescindibles, no porque sean malos o porque no aporten, sino porque hacen de este un álbum difícil de escuchar, nuevamente, por su duración.

Por lo demás, podremos decir que este es hasta el trabajo más completo de James Blake, que sigue la línea de sus demás trabajos pero que cumple aún más con lo que se plantea. Es palpable la desesperación, tristeza y oscuridad en cada una de las canciones, desde la letras hasta la melodía. Es un álbum difícil y pesado de escuchar, pero contiene detalles significativos que son notables y lo hacen propio de una escucha contemplativa.

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