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Una noche con Los Espirtus

Fotografias: Oscar Morales

Viernes lluvioso, nueve y tanto de la noche, gente transitando por el centro de la ciudad, negocios a punto de cerrar. La ciudad se sentía con vida, como siempre.

Nos dirigimos hacia el “Pasaguero”, damos la vuelta en la esquina de Motolinia, me impresiona ver una fila un tanto avanzada para ingresar al foro a pesar de la llovizna que cae sobre nosotros. Algo que para ser sincero, no me esperaba. Tal parece que aquella banda argentina tiene más poder de convocatoria del que me imaginaba.

En aquella fila uno detrás de otro, un montón de rostros desconocidos que al transcurrir la noche y una vez dentro del foro, se irán haciendo familiares.

Ya alojados de la lluvia y el frio, un ambiente tranquilo, y aquel montón de rostros desconocidos dispersándose por el lugar. El encargado de la música, se esfuerza por amenizar la impaciente espera a que dé comienzo el show, hace sonar a The Clash seguido de Presidente e Illya Kuryaki and the Valderramas.

Nadie tiene idea de quien escoge a las bandas teloneras que dan preámbulo a la banda principal. Son alrededor de las 10:30 de la noche y cuatro individuos con acento norteño que en conjunto responden al nombre de Apolo, se trepan al escenario. Ya en escena, las miradas están sobre ellos. Durante 40 minutos se dedican a dar un derroche de energía, la repuesta de ese montón de rostros, no parece ser recíproca, a pesar de ello, la banda parece disfrutar estar arriba del escenario, y eso, sin duda se les agradece.

Las luces vuelven a encenderse y la música programada vuelve a sonar, el montón de rostros comienza a aglutinarse frente al escenario, rozando y ligeramente empujándose para logar una vista directa.

Aquella banda que había logrado reunirnos en dicho foro está por salir a escena. Al fondo una cortinilla se enciende y deja ver la portada de su tercer material discográfico, lanzado este mismo año a manos de su propia disquera.

Dos guitarras eléctricas, guitarra acústica, bajo, batería y un conjunto de percusiones dan forma al sonido de la banda, una mezcla de rock con tintes de blues y letras nostálgicas llenas de un mensaje de pertenencia latina.

Los primeros gritos de emoción de la noche se hacen escuchar al unísono que los primeros guitarrazos de Maxi Prietto y compañía.

El montón de rostros comienzan a ser expresivos y dejan tambalear sus cabezas de atrás a adelante como muestra de disfrutar lo que ejecuta la banda arriba del escenario. Entonces me llega la segunda impresión de la noche, aquel montón de espíritus, ya no de rostros inexpresivos, realmente disfruta de la música.

La media noche y seis rostros que portan camisas playeras y floreadas sueltan las primeras canciones: Huracanes, Jugo y Perdida en el fuego, efectivamente, están allí para presentarnos “Aguardiente”.

Esa voz peculiar que da vida a las canciones se esconde tras una columna que irrumpe la vista desde abajo, sin importar aquello, el ahora montón de espíritus, se lía con la banda en cada una de sus canciones.

Entrado el show, algunas voces aclaman que suene “Perro viejo” y “Lo echaron del bar”. La banda sigue con el set list tal como lo esperábamos, suena “Esa Luz” y no puedo evitar fundirme en la emoción al igual que el resto. Los empujones llegan cuando retumba en el foro “Jesús rima con Cruz”, la tercera impresión de la noche me llega, aquella banda argentina que responde al nombre de Los Espiritus tenía al montón de rostros atrapados entre sus canciones, me tenía atrapado entre sus canciones.

Transcurre el concierto, las peticiones se cumplen, suena “Lo echaron del bar” y “Perro Viejo”. Volteo a mí alrededor, y solo puedo percibir al público cantando y bebiendo cerveza. El concierto está por finalizar y “Mares”, la última canción de la noche comienza a sonar, son casi las dos de la madrugada, el público satisfecho comienza dispersarse, la banda se baja del escenario entre chiflidos y palmas.

Me dirijo al baño satisfecho y con ganas de más. Aquella banda argentina con la que no tenía expectativa, me ha cerrado la boca.  

Escasas son las bandas que hacen conexión con el montón de rostros inexpresivos bajo el escenario y los convierten en seres con vida. Suena romántico pero así es.

Solo queda algo por decir: ¡MÁS BANDAS COMO LOS ESPÍRITUS!

Apolo

Los Espíritus

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