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El problema con Greta Van Fleet: los peligros de la nostagia

Greta Van Fleet recorre el mundo sonando a una banda en específico, recordándonos los peligros de la nostalgia y la involución de la música.

Algunos han descrito a Greta Van Fleet como una banda tributo que ni siquiera toca los covers

El álbum debut de Greta Van Fleet nos trajo nuevamente una conversación que ya habíamos tenido: ¿son una copia de Led Zeppelin? La respuesta corta es: sí. Pero al mismo tiempo, ese sí engloba una seria problemática para la música, como industria y como expresión artística y cultural.

Pero partamos de algo. La banda de Michigan tiene buenos músicos en sus integrantes. No podemos negar que tiene una capacidad para ejecutar bastante buena. También, debe haber algo de mérito en que un cantante logre imitar TODO, absolutamente todo el rango vocal a Robert Plant.

Su reciente lanzamiento, Anthem Of The Peaceful Army, sería un gran álbum, como de hecho puede serlo, si hubiera salido hace 50 años, cuando Led Zeppelin hizo su debut. Y es que ya no estamos hablando de que existan referencias o inspiraciones dentro de la banda es, tal cual, una copia.

Toda esa ejecución y producción que es, en realidad, bastante disfrutable termina siendo no solo una forma grosera de crear música, sino también una forma obscena de generar un público que, por supuesto, se regodea en su propio caldo nostálgico.

Aunque para muchos, en los inicios de la banda, resultaba obvio que esto fuera nada más que una mímica de LZ, con el tiempo solo se hizo más notorio. Pareciera que la evolución en sonido, calidad de producción, e incluso su imagen, se ha enfocado en una sola cosa: ser una copia.

El problema con Greta Van Fleet: los peligros de la nostagia
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Por supuesto que en la música se permiten las influencias y las referencias. Es difícil que la música no sea autorreferenciable. Simplemente tenemos que recordar que estamos hablando de Led Zeppelin, una de las bandas más acusadas de plagio en la historia.

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¿Lo fue? Posiblemente, pero de una forma diferente a lo que podríamos definir como «plagio», en el sentido de robar o copiar. Más allá de simplemente hacer calcas, estos se dedicaron a tomar partes de otras piezas y adaptarlas a su música. Eso está en su legado.

Sin embargo, en el caso de Greta Van Fleet no existe esto. Existen formas precisas de tomar el sonido zeppelinezco y reproducirlo de manera directa, sin filtros, sin matices. Ni siquiera Wolfmother puede ser acusada de algo similar, aunque sí de ser una banda inspirada en los británicos.

Ahora, ¿esto es un problema? Sí, y uno grave. No estamos hablando de los tributos que se han hecho a lo largo y ancho del mundo a diferentes bandas. Incluso hemos visto tributos a Queen tener participaciones estelares en festivales. Ese no es, realmente el asunto aquí.

El problema con Greta Van Fleet: los peligros de la nostagia
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No es simplemente que las canciones y el concepto hayan sido robados de una banda específicamente. Es, también, la forma en que una banda ha logrado atraer a la gente hacia ellos a través de eso.

Aunque estemos constantemente hablando de similitudes, es evidente que Greta Van Fleet no puede imitar la capacidad compositiva de Jimmy Page, como tampoco la fortaleza escenárica y lo genuino de Robert Plant. Buscar eso sería, ahora sí, tocar covers de ellos y se han vendido como una banda nueva, a pesar de todo lo mencionado.

Es complejo intervenir a favor de ellos, lejos de lo evidente en su destreza para interpretar sus instrumentos y la calidad de la producción de su álbum. La nostalgia ha hecho una industria a su alrededor, en muchas formas honestamente y en muchas otras de manera grotesca como esta.

La evolución de la música se ha nutrido de grandes bandas y compositores que han logrado ver más allá de sus influencias. Incluso Led Zeppelin, acusados múltiples veces de robar y plagiar, lograron armar y componer lejos de lo convencional. Mucho más lejos de aquello que, presuntamente, se robaron.

Greta Van Fleet, así como su nuevo álbum, representan un retroceso fuerte en la evolución de la música y el rock contemporáneo, que ha visto crecer en sonidos, propuestas y formas, que van desde el sonido típico de garage rock de inicios de siglo, hasta la vanguardista forma de crear y combinar géneros de Haru Nemuri.

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Sin buscar ser puristas, la música no puede ser medida de forma tan simple como ver a esta banda solo a través de sus recursos técnicos. Como una expresión artística, lleva una carga humana que se ve representada a través de los sonidos, siendo al mismo tiempo un mensajero como un receptáculo de emociones y sensaciones.

Las intenciones de Greta Van Fleet se detienen en lo técnico y en lo artificial. La pretensión de la música y el sonido que llevan encima, como un manto oblicuo, fueron en su momento determinantes, pero esa repetición articulada y deliberada es lo que los convierte en un elemento mezquino de una escena que lucha a diario contra la misma industria que la hace sobrevivir.

El problema no está en cómo suenan, sino en cómo aspiran a sonar. Lo preprogramado de su música, como una calca de algo más, es simplemente eso: una copia, y como copia está delimitada a su molde y ese molde fue superado hace décadas.

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